Fernando Amado puso el dedo en una vieja llaga

“Mientras el sistema institucional democrático vivía horas trágicas, el Parlamento no se reunió, no se autoconvocó, ni siquiera tuvo el reflejo de transformarse en el último bastión en la lucha por el mantenimiento democrático. Por el contrario, el Parlamento no hizo nada y siguió de vacaciones. No sé si haciendo playa, pero la realidad es que no hizo nada. El Parlamento debió haber actuado, debió haber estado en sesión permanente en la primera línea de batalla frente a lo que se avecinaba. No he escuchado nunca un mea culpa en este sentido”

Esto dijo el joven diputado colorado Fernando Amado durante la sesión de ayer de la Asamblea General en ocasión del “Día Internacional de la Democracia”. Amado se refería a la crisis de febrero de 1973 que narrara en forma impactante el entonces senador colorado Amilcar Vasconcellos en su libro “Febrero Amargo”.

La afirmación de Amado es, en términos generales, la pura verdad.  En febrero de 1973 el Parlamento y el pueblo estaban en la playa. Y siguieron en la playa. Se entregó la civilización a la barbarie en medio de la apatía y la irresponsabilidad. Lincoln Maiztegui , testigo calificado de aquellos hechos, le ha establecido con total claridad: “Increíblemente, el receso parlamentario no se levantó, pese a que la situación bordeaba la guerra civil. El respaldo que las instituciones democráticas no recibían del poder político, la obtuvieron de la Armada, que bajo las órdenes del contralmirante Zorrilla copó la Ciudad Vieja, en rechazo a la aventura golpista”.

Lamentablemente, tiene que venir un joven de 27 años para decir esta verdad mientras los que vivieron el momento se callan la boca o, como en el caso del senador Lacalle, pretenden hacerse los ofendidos.


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