Grünberg: “no aceptar más un correo que no reparte, liceos que no enseñan o servicios de limpieza que no limpian”

Me preocupa la supremacía de las corporaciones sobre los individuos, de la disciplina partidaria sobre el libre pensamiento, de los derechos sobre las obligaciones. No podemos concebir una ciudadanía responsable donde los derechos son permanentes y obligatorios, y las obligaciones esporádicas y voluntarias.

¿Qué hemos logrado después de estos años de bonanza? ¿Hemos reformado nuestros liceos? ¿Diversificado nuestras fuentes de energía? ¿Mejorado nuestras redes de telecomunicaciones?

Después de seis años de crecimiento contínuo sólo 2% de las exportaciones  uruguayas tienen contenido tecnológico y sólo 1% de las inversiones que vienen al Uruguay tienen alto contenido de conocimiento.

El sistema educativo público es más ineficiente y desigual que nunca, porque más de un tercio de los uruguayos sólo terminó primaria y menos del 10% de los trabajadores uruguayos tiene educación superior.

En lugar de aprovechar la bonanza externa para modernizar nuestra sociedad y modelo productivo, parte de nuestro liderazgo parece añorar el Estado de bienestar de la década de 1950, creando miles de nuevos empleos públicos, bajando la edad jubilatoria, aumentando impuestos, consolidando monopolios o subsidiando actividades sin futuro en un Uruguay moderno.

El Estado de bienestar en Uruguay se transformó con el tiempo  en un mecanismo de preservación de privilegios en donde algunos grupos se benefician de recursos aportados compulsivamente por una mayoría excluida de ese sistema de reparto, el equivalente social de un “barrio privado”. Crear “barrios privados” con fondos públicos implica a la larga socavar los valores democráticos, la confianza en el esfuerzo personal y nuestra real posibilidad de desarrollo efectivo.

No hay secretos sobre lo que Uruguay debe hacer, porque los países que salen de la pobreza lo hacen de maneras muy parecidas: esfuerzo, coraje para cambiar, cumplimiento de la ley, acuerdo social y creación de valor a través de innovaciones.

Para poder beneficiar a la mayoría hay que revisar la situación de grupos que se han beneficiado históricamente del statu quo. Hay que dejar de tolerar a corporaciones que se consideran por encima de la sociedad y no aceptar más un correo que no reparte, liceos que no enseñan o servicios de limpieza que no limpian.

Tenemos que apuntar a reinventarnos como una sociedad inteligente, basada en el mérito, el esfuerzo y el conocimiento.

Tomado de un discurso de Jorge Grünberg, rector de la ORT,  del 30-07-2010, según “Búsqueda” del 05-08-2010, pag. 16.


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