Sacrilegio en la Zona Cero

A propósito del debate sobre la construcción de una mezquita a pocos metros de la Zona Cero, el lugar fatídico donde el 11 de setiembre de 2001 se cometiera uno de los crímenes más tremendos contra la humanidad, Charles Krauthammer escribe en su más reciente columna del Washington Post:

Un lugar pasa a ser sagrado mediante la creencia extendida de que fue visitado por lo milagroso o lo trascendente (Lourdes, el Monte del Templo), mediante la manifestación de una gran nobleza y sacrificio en algún momento del pasado (Gettysburg), o mediante la sangre de los mártires y el indescriptible sufrimiento de los inocentes (Auschwitz).

Cuando hablamos de la Zona Cero como suelo sagrado, lo que queremos decir es que pertenece a aquellos que sufrieron y murieron allí  — y que tal titularidad nos obliga a nosotros, los vivos, a preservar la dignidad y la memoria del lugar, sin permitir nunca que se olvide, se trivialice o se malverse.

El emplazamiento importa. Este emplazamiento en especial. La Zona Cero es la escena del crimen colectivo más grave de la historia estadounidense — perpetrado por musulmanes de una ortodoxia islamista concreta en aras de cuya causa murieron y en cuyo nombre asesinaron.

Por supuesto esa variante representa sólo a una minoría de los musulmanes. El islam no es más islamista intrínsecamente que Nazi es la Alemania actual — pero a pesar de la inocencia de la Alemania contemporánea, a ningún alemán de buenas intenciones se le ocurriría proponer un centro cultural germano en, digamos, Treblinka.

Lo que te hace dudar de las buenas intenciones detrás de la propuesta del imán Feisal Abdul Rauf. Éste es el caballero que ha llamado a la política estadounidense “un accesorio del crimen” del 11 de Septiembre y que, preguntado hace poco si Hamás es una organización terrorista o no, respondía, “Yo no soy un político… La cuestión del terrorismo es un tema muy complejo”.

América es un país libre donde se puede construir lo que se quiera — pero no en cualquier parte. Es el motivo de que existan las ordenanzas municipales. No puede haber licorerías en las inmediaciones de un centro escolar, no puede haber complejos comerciales donde puedan ofender las sensibilidades locales y, si su casa no cumple el reglamento arquitectónico comunitario, no puede construirla de ninguna forma.

Estas restricciones obedecen a motivos de estética. Otras obedecen a razones mucho más profundas de decencia común y respeto a lo sagrado. No puede haber conventos en Auschwitz, y no puede haber mezquita en la Zona Cero.

Constrúyala en cualquier parte menos allí.


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