¿Guerra por la comida?

Eleuterio Fernández Huidobro nos entera sobre que “Brasil prohíbe desde hace mucho y por Ley, la tenencia de tierra por parte de extranjeros en una franja de 150 quilómetros de ancho a lo largo de sus extensas fronteras”.

¿Y para qué le serviría a Brasil tal prohibición? Huidobro está al tanto de todo y se apura a explicárnoslo: por la Seguridad Alimentaria (así, con mayúscula).

Parece que Huidobro se ha enterado a través de sus múltiples contactos en Brasil que, mientras nos dedicamos a nuestras tilingas ocupaciones, se está desarrollando como una especie de guerra por la comida. Países con hambre — que además son imperialistas y tienen “dinero y armas” — están desplegando en las sombras la conquista de los países dueños de los alimentos (¡nosotros!), nos advierte Huidobro. Desde la época de Napoleón viene la cosa según Huidobro, y nosotros acá estamos, en la pavada!

Huidobro dice que en Brasil las Fuerzas Armadas, las Universidades y la Burguesía (si, si la “Burguesía”, y todo así, con mayúscula) hace rato que están al tanto de esta invasión que se transunta en la “la compra de grandes extensiones por gigantescas transnacionales cuyo afán y objetivo central y final es apoderarse de las fuentes alimentarias disponibles”.

Ahora, me pregunto, por qué el gobierno de Brasil no habrá prohibido la tenencia de tierra por parte de extranjeros en todo su territorio, y sólo en una franja de 150 quilómetros de ancho a lo largo de sus fronteras, ante tal “afán” de las multinacionales. ¿Será que las “fuentes alimentarias disponibles” se concentran sólo en esa reducida franja de tierra?

Tampoco explica Huidobro qué derechos tienen los dueños de las tierras ubicadas en esa franja de 150 quilómetros de ancho. Seguramente el derecho de propiedad debe estar severamente restringido y las fuerzas de seguridad deben vigilar día y noche los movimientos de esas personas, no sea cosa que sean testaferros de las “gigantescas transnacionales”.

De entre los países “hambrientos” y poderosos detrás de la conspiración, Huidobro menciona a Japón del cual dice que “con unos 130 millones de habitantes se autoabastece de alimentos en apenas un 23% de sus necesidades; el resto debe importarlo”, y que “adolece desde tiempos inmemoriales de ese gran problema”.  Huidobro ve en esa característica estructural de Japón la explicación de “sus conocidas y trágicas agresiones regionales”. Seguramente se refiere a la historia antigua, y de la primera mitad del siglo XX, cuando Japón era un poder primitivo y totalitario, ya que desde 1945 para acá no conozco “agresiones regionales” japonesas, ni trágicas ni de ningún otro tipo, aunque siga siendo un importador neto de alimentos. Además a Japón le va muy bien a pesar de no autoabastecerse de alimentos ya que se ubica en el puesto 10 del Índice de Desarrollo Humano (2010) y en el puesto 19 del Índice de Libertad Económica (2010).

Uruguay– que hasta ahora respeta la propiedad privada y se ubica en el puesto 33 del Índice de Libertad Económica (2010) (Brasil está en el puesto 113) — le va mucho mejor que a Brasil en materia de desarrollo humano, ubicándose en el puesto 50 del correspondiente índice (Brasil está en el puesto 75).

Tanto mejor que a Brasil nos va, que me asalta una duda  terrorífica: cuando la guerra por la comida se libre a la luz del día (y no en la afiebrada mente de Huidobro), ¿Brasil nos va a defender de Japón o nos va a comer crudos?


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