Nuevo desorden internacional

Es perfectamente evidente que la maniobra del uranio más reciente por parte de Irán, promovida por Brasil y Turquía, es un ardid. Irán se queda con uranio más que suficiente para fabricar la bomba. Y lo sigue enriqueciendo a un ritmo acelerado y con una pureza mayor (20%).
Pero el significado más profundo de la acrobacia de la exportación del uranio es el descaro con el que Brasil y Turquía dan cobertura a las ambiciones nucleares de los mulás y socavan deliberadamente los esfuerzos estadounidenses por frenar el programa nuclear iraní.
La verdadera noticia es esa imagen del presidente de Brasil, nuestro mayor aliado en Latinoamérica, y el primer ministro de Turquía, el representante musulmán de la OTAN durante más de medio siglo, estrechando las manos juntos con Mahmoud Ahmadinejad, el líder más virulentamente antiamericano del mundo.
Esa fotografía es el contundente veredicto de la política exterior de Obama. Demuestra cómo las potencias emergentes, aliados estadounidenses tradicionales, habiendo visto a esta administración en acción, han decidido que no reviste ningún costo formar con los enemigos de Estados Unidos y que no acarrea ningún beneficio unirse a las filas de un presidente estadounidense propenso a las disculpas y el apaciguamiento.
Han contemplado las humillantes tentativas del Presidente Obama por apaciguar a Irán, mientras cada gesto rechazado es recibido con ofertas de negociación estadounidenses abyectamente renovadas.
Han visto la permisividad estadounidense con el retorno del dominio de Rusia sobre Europa Oriental, sobre Ucrania y sobre Georgia.
Han visto nuestro apaciguamiento a Siria, el agente de Irán en el levante árabe.
Han observado la bofetada gratuita de la administración a Gran Bretaña por las Malvinas, su trato despectivo hacia Israel, su menoscabo a la República Checa y Polonia, y su indiferencia hacia el Líbano y Georgia. Y en Latinoamérica, no sólo contemplan la pasividad estadounidense mientras el venezolano Hugo Chávez organiza su coalición “bolivariana” antiamericana al tiempo que fomenta sus vínculos comerciales y militares con Irán y Rusia.
Teniendo en cuenta las políticas y los principios de Obama, Turquía y Brasil están actuando con racionalidad. ¿Por qué no iban a amparar a Ahmadinejad y sus ambiciones nucleares? Mientras Estados Unidos retrocede ante el avance de Irán, China, Rusia y Venezuela, ¿por qué no reducir pérdidas? No hay nada que temer de Obama, y todo que ganar de congraciarse con los rivales emergentes de América. Después de todo, ellos sí creen realmente en ayudar a los amigos y castigar a los enemigos.

Tomado del artículo de Charles Krauthammer titulado “Los frutos de la debilidad”, del 21-05-2010.
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