La peluca de lo cursi, y el mundo tal cual es

Bien se puede pensar que las sucesivas presidencias de la izquierda, cuando aciertan más, es porque están haciendo, lo que impidieron durante 30 años.
Los votantes eligen: “radical”; y se sientan a esperar el ruido. Sin embargo, se inicia el nuevo gobierno, y quedan pasmados.
Basta que un hombre honrado sea elegido para la Primera Magistratura, para que modere sus actos y sus palabras y entre a compartir la sabiduría (la prudencia) de los presidentes tradicionales.
Por supuesto, lo trágico no es esa moderación (que siempre es bienvenida) lo trágico es la huella de frustración, que el doble discurso deja instalada en la gente buena.
No terminan de entender y ese desconcierto lleva al descreimiento.
Queda una predilección por lo feo, sucio, roto, pringoso, desvalido a despecho de que el 1º de marzo, el primer mandatario vaya al mejor sastre y logre ser otro.
Sucede que nuestros presidentes saludan la noche de los comicios, sacándose la peluca de lo cursi y así cortan la cinta, para inaugurar iluminando, el mundo tal cual es.
Tomado de la columna titulada “La política y su función pedagógica” por Carlos Maggi. “El País”, 11-04-2009.

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