Otra vez fuimos entregados

Una mitad del país festejó bulliciosamente el triunfo de José Mujica. La otra mitad, en minoría, no solo lloró la derrota sino que se sintió huérfana. Esa mitad perdió, sí, pero a la hora de darle forma política a la derrota, ¿quién perdió? ¿Un candidato específico? ¿Un partido determinado? En realidad los perdedores fueron ese grupo enorme de gente que sigue sin encontrar quién lo represente. Lo sorprendente es que pese a ese déficit, permanece firme. Desalentada, huérfana, pero obstinada.
Ya se instaló, al menos en las ruedas de café, la idea del modelo chileno de la “Concertación”, un acuerdo entre los partidos y que más allá de sus perfiles puedan diseñar estrategias comunes y ganar elecciones. De hecho, eso es el Frente Amplio. Hasta ahora colorados y blancos defienden su identidad a rajatabla. El voto municipal en mayo es distinto al nacional. Si blancos y colorados hicieran acuerdos a nivel departamental, otro sería el cantar.
Por cierto, no alcanza con hacer una concertación. Además hay que convencer. Y eso es lo que no están haciendo los dos viejos partidos. Lo que se busca es alguien que asuma el desafío de convertirse en el representante de ese medio país. Para eso hay que dejar de lado la retórica autorreferenciada y convertirse en la voz fresca y renovada de ese sector.
Tomado del artículo titulado “Desalentada, huérfana, pero obstinada” por Tomás Linn. “Búsqueda” 10-12-2009, pag. 6.

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