Algunas mujeres quieren entrar a dedo en las listas

Desde hace bastante tiempo, la mayoría de las mujeres que ocupan escaños parlamentarios han formado un sindicato suprapartidario, que ahora se llama bancada bicameral femenina del Parlamento Nacional, para promover cuotas para mujeres en las listas electorales. En ese sentido, un proyecto de ley de financiamiento de partidos políticos que se encuentra a estudio del Poder Legislativo incluye un estímulo económico para la inserción de las mujeres en las listas electorales.
Una de las caras más visibles de este movimiento es la diputada nacionalista Beatriz Argimón, quien hace un tiempo explicaba así los motivos de su campaña: “Hemos decidido llevar adelante esta campaña de conocimiento por parte de la población de lo que acontece cada vez que las parlamentarias buscamos tomar medidas sobre ese déficit democrático que los partidos uruguayos tienen“.
La diputada, quien también ha incursionado en el teatro con Monólogos de la vagina de Eve Ensler , en la que hizo el monólogo “Mi minifalda no es causal”, agregó que “muchas veces encontramos dirigentes políticos que hacen un discurso a las dirigentes fuera del Poder Legislativo pero dentro del recinto parlamentario se hace otra cosa y se vota otra cosa…”.
Las últimas noticias sobre la suerte de este proyecto aparecen en “El País” de hoy, que indica que “el proyecto de ley de cuotificación política -que obliga a integrar las listas para las elecciones nacionales y municipales con al menos una tercera parte de mujeres durante los próximos dos períodos- corre serio riesgo de fracasar, por las diferencias que genera en el Frente y en el Partido Nacional“.
Más vale que el proyecto fracase. No es bueno para las mujeres, que triunfan sin subsidios ni apoyos artificiales en áreas fundamentales de la sociedad, ni para la democracia y la república donde “todas las personas son iguales ante la ley, no reconociéndose otra distinción entre ellas sino la de los talentos o las virtudes“.
Pero este proyecto es particularmente malo para las mujeres. Las cuotas van contra el principio de igualdad de oportunidades para todos ya que les da preferencia a las mujeres sobre los hombres. Además las cuotas son antidemocráticas ya que deben ser los electores los que decidan quiénes van a ser sus representantes.
Por otra parte, las cuotas implican que los políticos son elegidos por su sexo, no por sus calificaciones, lo que deja de lado a los candidatos más capaces. Estoy seguro que muchas mujeres no querrían ser elegidas sólo en función de su sexo. Además, la introducción de cuotas crearía conflictos significativos en las organizaciones partidarias.
Las cuotas rebajan el valor de las mujeres, ya que llevan implícita la noción de que su éxito se deberá en el futuro a esas cuotas y no a otra razón. Las cuotas definen a las mujeres como una especie a ser protegida, promoviendo el estereotipo de “víctima”.
Finalmente, si se establecen cuotas políticas para las mujeres, se desatará una tormenta de reclamos similares por parte de minorías reales (raciales, religiosas, sociales o etarias). Sólo podemos sentirnos consternados de que alguien pueda considerar a las mujeres como una minoría!!

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