Meando para adentro

 

Poco después de haber asumido la presidencia de los Estados Unidos, tras el asesinato del presidente Kennedy, Lyndon B. Johnson tuvo que lidiar con un asunto difícil: qué hacer con el director del FBI, J. Edgar Hoover. Al igual que Kennedy, Johnson prefirió resignarse a convivir con Hoover, antes que despedirlo y quedar librado a las posibles represalias del eterno director del FBI. “Bueno, probablemente sea mejor tenerlo adentro de la carpa meando hacia afuera, que afuera meando hacia adentro”, concluyó el presidente Johnson con su colorida expresión tejana.
A los tupamaros les faltó la astucia de Johnson para lidiar con Jorge Zabalza. El ex-guerrillero enfrenta desde hace años a sus viejos cómplices, discrepando con lo que él considera un “apartamiento” de la línea ideológica y de acción de Raúl Sendic y el Movimiento de Liberación Nacional (MLN) original. Zabalza ha hecho periódicas declaraciones sobre el pasado del movimiento tupamaro que desdibujan la heróica historia oficial esmeradamente construida en decenas de libros y otros documentos.
Algunas revelaciones que contiene el libro “Cero a la Izquierda“, que relata la biografía del ex dirigente tupamaro, causaron malestar en integrantes y ex integrantes del MLN. El diputado Luis Rosadilla, que semanas atrás abandonó el MLN junto al senador Eleuterio Fernández Huidobro por diferencias internas, exhibió su malestar ante el libro, pero declinó hacer declaraciones. “Me llamo Luis Rosadilla. Es una respuesta corta, la de él (por Zabalza) es más larga”, se limitó a decir. Por su parte, el diputado Juan José Domínguez, integrante de la dirección nacional del MLN, declaró a “Brecha” que Zabalza “juega una mala pasada, porque cualquier organización puede tener una serie de planteos que no necesariamente tiene que hacérselos a los demás. Esto es una cuestión muy negativa de su parte“.
La insurrección popular fue la utopía tupamara al menos hasta 1995, dijo Jorge Zabalza a “Brecha” en su edición del viernes 12 de octubre, y con esa idea se emprendieron acciones armadas y se mantuvieron vínculos operativos y financieros con grupos revolucionarios extranjeros.
“Brecha” dice que en el libro “quedan claras las discrepancias de la mayoría del mln con varias posiciones de Raúl Sendic, a quien incluso llegaron a excluir de una reunión convocada especialmente para discutir cómo contener sus incursiones públicas, debido al convencimiento de que estaba fuera de sus cabales“.
“…mientras en diciembre de 1985 se convocaba a la tercera convención nacional tupamara para discutir varios temas de importancia, entre ellos la reorganización, el libro revela que simultáneamente se iniciaron las primeras reuniones secretas del “Grupo de los 17”, una dirección paralela que funcionaba a escondidas del resto de la “orga” y que tenía entre sus integrantes a Sendic, Zabalza, Mujica, Huidobro, Manera y Marenales. Los tres objetivos fundamentales de ese grupo, según el libro, eran mantener despierto el horizonte insurreccional, sostener el vínculo con movimientos guerrilleros del exterior y garantizar los mecanismos de financiamiento gracias a esta relación de solidaridad internacional o mediante las modalidades “a la antigua”, que consistían en expropiaciones o asaltos”.
La guita tiene que venir de los ricos”, decía por aquellos años José Mujica, según el autor. Así, las expropiaciones continuaron como forma de financiar al MLN, pero también llegaba dinero gracias a la solidaridad de otros movimientos revolucionarios, como la ETA vasca, el Movimiento Todos por la Patria (MTP) de Enrique Gorriarán Merlo y el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTAa) de Perú. Como ejemplo de ello el periodista menciona un viaje realizado por Zabalza en noviembre de 1993 a Perú a buscar dinero aportado por el MRTA. Allí trabó amistad con Néstor Cerpa Cartolini, quien en 1997 resultó muerto al liderar la toma de la residencia del embajador japonés en Lima, en la que Zabalza quiso pero no pudo participar. El libro sostiene que ese viaje del “Tambero” se inscribió en una estrategia orgánica y colectiva seguida entre el 92 y el 94 con el fin de conseguir dinero para cubrir el déficit de 100 mil dólares que tenía la radio Panamericana (la CX 44 de entonces, manejada por el MLN).
Las diferencias internas se profundizaron con los años, al extremo que uno de los “viejos”, que también integraba el Grupo de los 17, Jorge Manera Lluveras, decidió a mediados de 1988 alejarse de la dirección del MLN. Entre los motivos esgrimidos señaló el deterioro del relacionamiento en la dirección por “vanidad, autobombo, caudillismo, protagonismo, afán de lucimiento y predominio”. “Los caudillos o aspirantes aceptan adulones y en ciertos casos se dejan influenciar por éstos”, añadía Manera, según Leicht. Más o menos por esos días Zabalza, Julio Marenales, Arturo Dubra y Luis Rosadilla viajaban a Libia procurando nuevas fuentes de financiamiento y la posibilidad de entrenamiento para 20 militantes tupamaros, lo cual se logró en setiembre de 1989.
En enero de ese año se había producido en Argentina el intento de ocupación del regimiento militar de La Tablada por parte del MTP, liderado por el ex ERP Enrique Gorriarán Merlo. El MTP era uno de los movimientos amigos del MLN. Los tupamaros debatieron qué posición tomar y predominó la postura de Sendic y Cultelli de expresar su solidaridad (que incluyó el asilo de varios militantes argentinos en Uruguay).
En abril de ese año se realizó el referéndum sobre la ley de caducidad y, según el libro, el MLN montó un “plan defensivo” previendo un levantamiento de sectores del Ejército en caso de que triunfara la papeleta verde.
En abril de 1991 ocurrió uno de los hechos más traumáticos para los tupamaros, que según la publicación “comenzó a socavar su histórica posición frente a las acciones armadas”. Un grupo asaltó la distribuidora de diarios y revistas de Eddie Espert y en el lugar apareció un documento de identidad de Ricardo Perdomo, histórico militante tupamaro. Zabalza dijo a “Brecha” que luego del asalto la imagen de Perdomo “quedó muy deteriorada. Yo oí hasta expresiones que hablaban de bandidismo, pero Perdomo no hizo nada en beneficio propio, no era un bandido”.
La extradición de tres vascos acusados de pertenecer a la ETA, en agosto de 1994, puso en juego otra vez la solidaridad del MLN con “quienes desde 1985 los habían apoyado económicamente en varios momentos difíciles”. Pero particularmente para Zabalza, relata el libro, “era la oportunidad de poner a prueba la fuerza militante que desde años atrás venían acumulando, de bautizarla con fuego en una instancia confrontativa”. En la tarde del 24 de agosto, y mientras la dirección del mln se reunía en una camioneta Combi para evaluar la situación, había otro ómnibus “repleto de cócteles molotov y 5 mil miguelitos, además de una banda de jóvenes radicales deseosos de entrar en acción”.

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